Primer Contrato de Aguas Corrientes. Rosario 1868

Lo que sigue, es el texto íntegro del primer contrato que se firmó entre el Municipio de Rosario y el Emilio Landois por medio del cual, este último se hizo cargo de las primeras prestaciones del servicio.

El texto tiene algunos detalles que son de gran importancia para comprender algunas cuestiones relativas a la importancia de la salud pública en ese momento.

Para poder tomar una idea de lo que era la ciudad de Rosario en este momento, debemos tener como referencia el plano de Grondona que hemos reproducido que si bien es diez años anterior, permite una estimación aproximada de la dimensión de la ciudad.

A continuación, el texto.

En la ciudad del Rosario de Santa-Fé, á siete de Agosto de mil ochocientos sesenta y ocho; – Comparecieron ante mi el presente escribano público y municipal, y los testigos al final firmados, el Presidente de la Honorable Corporacion Municipal de esta ciudad don Jacinto Corvalan, los señores don Fermín Rodriguez, don Santiago J. Wild y don Fermín Laprade, municipales encargados de celebrar el contrato que debe verificarse con los señores don Emilio Landois y compañia, sobre el establecimiento de aguas corrientes en esta ciudad, todos de este vecindario, capaces de contratar, á los que doy fé conozco, y dijeron: que habiendo sido autorizados por la Honorable Corporacion Municipal, reunida en sesion de cinco del corriente, según consta de la acta labrada en la misma fecha, la que me ha sido presentada para este acto por el secretario de la misma don Joaquín de Quintanilla, de que doy fé, para celebrar el contrato con los señores D. Emilio Landois y compañia para el establecimiento de aguas corrientes en esta ciudad, con arreglo á las bases aprobadas por la ley de fecha tres del corriente mes y año; y poniéndolo en ejecucion en la via y forma que mas haya lugar por derecho, y en uso do las facultades que segun la acta referida les han sido conferidas, otorgan: que conceden á los señores don Emilio Landois y compañia el permiso para abrir zanjas en las calles de esta ciudad y colocar los caños que crean necesarios para la distribucion de las aguas, bajo las condiciones siguientes:

Artículo primero. El agua será sacada del río Paraná al Norte de la ciudad, será filtrada y purificada por medios naturales, con esclusion de todo proceder químico, y sujeta en todo tiempo al exámen de la Municipalidad: dicha agua se llevará por caños de fierro á depósitos propios tambien de fierro, bien tapados y situados al Este Oeste y Norte de la ciudad como tambien se surtirá á las casas particulares que lo necesitaren.

Segundo— La compañia se compromete á componer con toda perfeccion el empedrado, macadam ó piso que tendrá que remover en las calles por donde pisarán los caños.

Tercero— La compañia construirá gratuitamente en el centro del mercado ó punto inmediato una columna de distribucion de agua de capacidad como de cincuenta pipas al dia y que la Municipalidad dispondrá para el uso público de su dependencia y sin remuneracion ninguna á la compañia.

Cuarto— Para socorrer en caso de incendio la compañía se compromete á dejar en cada manzana por donde pasen sus caños, un bitoque cerrado con llave, de la que tendrá una la Municipalidad y que no podrá usar de ella sino para el caso indicado. El agua que para este objeto sea empleada será dada enteramente gratis á la Municipalidad ó particulares que la solicitaren con este fin.

Quinto— La compañía no obligará á nadie á comprarle agua dejando á cada uno la plena libertad de hacer lo que mejor le convenga; y al que quiera favorecerla se la suministrará á precios convencionales.
No podrá obligar á ninguna casa particular á que le compre sus caños surtidores, dejando libre al propietario de hacerla compra á quien quiera.

Sexto— La compañia se encarga tambien de abastecer el agua necesaria al riego de las quintas ó chacras alrededor do la ciudad prévio arreglo con los interesados.

Septimo— La compañia colocará un caño que provea de agua á la plaza principal de esta ciudad la que será procedente del contenido de la columna del mercado con el objeto que la Mucipalidad crea conveniente. Octavo— Es obligacion igualmente de la compañia dar el agua necesaria de la procedencia del artículo anterior, para regar la poblacion y á colocar un bitoque en cada boca-calle por donde pasen caños de la compañia.

Noveno— La compañia se compromete, un año despues de estar funcionando, á tener dos máquinas y depósitos de fuerza y capacidad suficiente para proveer de toda el agua necesaria para el consumo de la poblacion, siendo entendido que la compañia está obligada á surtir del agua necesaria, sea cual fuere el número de habitantes que contenga la ciudad y la solicite.

Décimo— La compañia se compromete á tener establecidas sus máquinas, depósitos y caños principales de modo de poder empezar la distribucion de agua el dia treinta y uno de Marzo del año sesenta y nueve próximo, para cuya fecha estará tambien colocada la columna de agua en el lugar que se destine en el mercado, ó fuera de él y en disposicion de llenar el objeto para que se destina.

Undécimo— La compañia se compromete á surtir con la cantidad de diez pipas de agua diarias, á cada plaza de las creadas y las que se crearen ó mercados públicos, siempre que los caños de la empresa lleguen á cualquiera de los cuatro ángulos que formen cualquiera de las plazas ó mercados, sin que se comprendan en este artículo lo dispuesto en el tercero y septimo, y sin que pueda cobrar por ello retribucion alguna, bien entendido que esta obligacion cesará en el acto que se establezca otra empresa de la misma naturaleza.

Duodécimo— La Municipalidad durante el lapso de tiempo establecido en el artículo décimo, no oirá ninguna clase de propuesta para el establecimiento de otra empresa de esta naturaleza.

Décimo-tercio— La Municipalidad esta obligada á permitir á la compañia la extraccion de las aguas necesarias del Eio Paraná, pudiendo esta establecer el resguardo necesario para la represa y sus caños, siempre que esto no perjudique á la navegacion.

Décimo-cuarto— Es tambien obligacion de la Municipalidad solicitar del Excelentísimo Gobierno de la Provincia, pida al de laiíacion sea exonerada la compañia de los derechos de importacion de los materiales necesarios para el establecimiento de las aguas corrientes en esta ciudad del Rosario.

Presente á este acto don Emilio Landois socio y representante de la razon Emilio Landois y compañía, sin impedimiento alguno para otorgar esta escritura, que de habérselo yoesplicado y el compareciente manifestado no estar comprendido en ninguno de ellos—doy fé; enterado del contenido de esta escritura, dijo: que en nombre y representacion de la sociedad Emilio Landois y compañia, la acepta con todas las condiciones contenidas en los catorce artículos. En su consecuencia, los otorgantes dan por perfectamente celebrado este contrato, el cual se obligan aguardar, cumplir y observar en todas sus partes, y á no reclamarlo ni interpretarlo en todo ni en parte con motivo alguno, y si lo hicieren, á mas de no ser oídos en juicio ni fuera de él, quieren y consienten en ser compelidos á su cumplimiento por toda via legal y condenado ademas en las costas, daños y perjuicios que se originen al cumplidor, deferida su liquidacion en su sola relacion jurada, pues se relevan de otra prueba. A la observancia de lo referido los otorgantes obligan, cada uno por su parte, á sus representados como pueden y deben en forma y conforme á derecho, con sumision ájueces competentes, renunciacion de leyes y derechos á su favor y la general en forma. Asi lo dijeron, otorgan, y previa lectura, en cuyo contenido se afirmarou y ratificaron, lo firman, haciéndolo don Emilio Laudois, con la razon social, siendo testigos don Luis Pastor y don Ensebio P. Suarez, vecinos, á los que doy fé conozco. Esta escritura signe inmediatamente á la de venta otorgada el tres del corriente por don Marcelo Carballo á don Leonardo Nicoloriche, al folio cién vuelta. Es cópia del original.
Zacarías Machado

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Agua potable en el barrio Tiro Suizo

En la década de 1930, en Rosario, muchos barrios carecían del servicio de agua potable o recibían un servicio deficiente.

La nota, del diario La Tribuna, cuyo texto reproducimos más abajo.

Tienen que Conseguir Agua en la “Canilla colectiva”

El problema de la falta de aguas corrientes en algunos barrios de la ciudad, continúa siendo aún, a pesar de las continuas demandas de solución, un problema insoluble. En la zona de Tiro Suizo, en el barrio Irigoyen, hace tiempo que TRIBUNA defendió la necesidad de que se estableciera dicho servicio. Los vecinos sólo obtuvieron la colocación de una “canilla colectiva”. Todo el vecindario de un sector del Municipio densamente poblado debe servirse de aquella, con los inconvenientes fáciles de imaginar. Es necesario que la empresa y los poderes públicos den a este asunto un remedio definitivo, prestando el servicio de aguas corrientes que contaría de inmediato con más de 100 usuarios.

Santa Fe ante las inundaciones. 1940.

Artículo publicado en el diario El Litoral de Santa Fe

14 de junio de 1940

El Instituto Argentino del Agua, cuya presidencia ejerce el ingeniero Aquiles Armani, ha preparado un plan como contribución al estudio del problema de las inundaciones y desagües en el valle del Paraná, el cual ha si do llevado al conocimiento de los gobiernos de las provincias del litoral y del ejecutivo nacional. El sub-comité de estudios, formado por los señores Enrique Chanourdié, Alfredo I. Ledesma, Enrique Williams Alzaga y Luis A. Woodbridge, han confeccionado el siguiente esquema

Considérase el territorio a sanearse dividido en dos zonas:

1a. zona –  Tierras cuyas cotas sean inferiores a la máxima creciente del Paraná.

2a. zona – Tierras cuyas cotas sean superiores a la máxima creciente del Paraná.

En la primer zona se contemplarán las dos soluciones que se presentan:

Diques (insumergibles): Obras que impidan la iundación, acompañada de canales secundarios para el escurrimiento de las aguas pluviales.

Relleno natural (dique sumergibles): Obras que no impiden las inundaciones, pero que provocan el levantamiento del terreno por sedimentación, reteniendo el material en suspensión que acarrean las crecientes.

En la segunda zona, cabe tener en cuenta las siguientes soluciones:

1) facilitar la descarga en los cursos de agua

2) Retardar el escurrimiento en las cabeceras.

3) Desviar el exceso de agua a otras cuencas

4) Limitar el lecho.

Puede agregarse para ambas zonas, la conveniencia de no realizar obra alguna, impidiendo construcciones en las zonas inundables, y la organización de un servicio sistemático de vigilancia e información, para una eficiente y activa política de control de las crecientes.

Para la elección del tipo y orden de ejecución de las obras se derterminará: La capacidad y grado de utilización económica del territorio a sanearse en base a : 1o. Las lluvias, 2o. El relieve. 3o. El escurrimiento, 4o. La vegetación, 5o la geología, 6o. La economía, 7o. La población, 8o. El catastro, 9o. Las comunicaciones.

Los estudios se reaizarán primero de acuerdo a la división política del territorio, concretándose después por cuencas, incluyendo por extensión, la del Paraná no comprendida en la provincia de Santa Fe.

Las inundaciones y las manchas solares

Las inundaciones y las manchas solares
Este artículo, publicado en el extinto diario La Tribuna de la ciudad de Rosario, (que ya será publicado en forma íntegra) es una reseña de otro, escrito por Gabriel Carrasco.
En aquel artículo, el polígrafo se dedica a establecer las causas de las constantes crecientes del Río Paraná y como pueden ver, las adjudica a la influencia de las manchas solares.
Como el artículo anterior con Juan Alvarez, hoy mostramos este escrito de Carrasco para señalar que la historia del agua tiene una tradición en la Argentina y más específicamente en nuestro medio local.
Resta saber porqué que con algunos elementos basales que nos permiten esbozar una tradición en el tema, la Historia del agua como disciplina -aunque sea una historia de las inundaciones!- no logró fraguar en  nuestro medio.

Artículo publicado en La Tribuna, en Abril de 1966

Inundaciones de ayer ¿y de hoy?

Cuesta explicarles a los más jóvenes nuestra pena ante el fenómeno de las inundaciones, que ocurren en lugares lejanos. Cuesta convencerlos de que ese hilo de agua oscura que es el arroyo Ludueña, en algunos momentos durante la década del 60, 70 y 80 fue un increíble y violento caudal que durante varios días circulaba por las calles de Empalme Graneros, Barrio Belgrano y Arroyito arrastrando todo lo que encontraba a su paso: autos, muebles, vacas, caballos y vidas.

Pero es así, ese era el miedo que todos los abriles y noviembres torturaba a los habitantes de la zona noroeste de Rosario. ¿Está lloviendo en Pérez? ¿y en Zavalla?, porque esa era el agua que después bajaba a Rosario, y rebasaba en esos barrios rosarinos.

Entonces, la culpa de las inundaciones la tienen primero, la lluvia y luego, el arroyo. Veamos…

No culpes a la lluvia

Pero ¿Cuál es la dinámica de este asunto?

Bueno, pues resulta que en esa época, cuando llovía en los campos que ahora son Pérez, Funes, Empalme, Arroyito (imaginemos esos campos sin esos barrios construidos) el agua caía a la tierra que la absorbía, obviamente. Ahora, si llovía mucho, la tierra no absorbía, entonces, la pendiente natural llevaba el agua de los campos al canal del arroyo que veía crecer su volumen hasta llenar la barranca (todos podemos ver la pequeña barranquita del Ludueña en cualquier lugar que lo contemplemos hoy) y si era demasiada agua, pues se inundaban los campos aledaños y ya.

Pero bueno, llegó el siglo XX y Rosario creció. Uno de los vectores de la expansión de Rosario era el camino hacia Alberdi. Allí justamente se construyó el “puente Arroyito” (todavía los viejos llaman así a la esquina de Juan B. Justo y Alberdi). Los otros vectores serían las vías del Belgrano, (que aún están) y del Mitre cuyo recorrido puede verse ahora en la avenida De la Travesía. Pero había allí un terraplén, muy alto, justamente, para que las crecidas del arroyo no complicaran el tráfico de los trenes.

Y así se fueron construyendo los barrios pobres y baratos, para los pobres de aquel Rosario, al borde mismo del arroyo. Donde apenas terminaba la barranca, allí se construía la casa del pobre o directamente sobre los bañados mismos como puede verse en los planos de urbanización de 1920, donde el trazado de la grilla urbana se superpone con los pantanos mismos del Ludueña.

Como siempre pasa, cuando hay que poblar una zona ecológicamente inestable, los primeros en ir son los pobres y el negocio inmobiliario es para los ricos. Y allí fueron nuestros bisabuelos a vivir en el 1900 a asentarse arriba del arroyo y a sufrir las inundaciones que año a año asolaban la zona desde aquellos viejos años hasta 1986. Como vemos, la culpa empieza a dejar de ser de la naturaleza.

Porque a medida que se iban poblando los márgenes del arroyo y la zona (“cuenca” es el término científico), el agua de las lluvias llegaba mucho más rápido al arroyo, porque el suelo construido absorbe menos agua que la tierra virgen. El arroyo crecía así más rápido y se ahogaba antes repartiendo su caudal en una zona más amplia y para lamentarnos aún más, el terraplén del ferrocarril, (ese que ahora se llama Travesía) interrumpía al arroyo casi al final, es decir ¡con mucha más agua!

En la década del 40 fue necesaria una primera obra de entubamiento, que funcionó muy bien, durante veinte años. En 1960, comenzó un ciclo de inundaciones muy importantes que culminaría en 1971. Tendría que llegar 1986 para que los gobiernos provinciales asumieran la necesidad de la construcción de la presa retardadora, que si bien ha pasado momentos difíciles, ha logrado evitar las inundaciones, por lo menos de las zonas de barrios Belgrano, Empalme y Arroyito. Mención especial aquí para el NUMAIN, y el movimiento vecinalista de Empalme Graneros que con una larga tradición logró hacer escuchar la voz de los inundados en cada momento crítico.

Algo entre nosotros no va bien

Las últimas inundaciones importantes que se recuerdan en Rosario, se dieron en 2003/2007 en la zona de Nuevo Alberdi y Cristalería. No se debieron directamente al Ludueña, pero tienen que ver con su cuenca, porque los canales Salvat e Ibarlucea tributan a este arroyo.

La mancha urbana de Rosario se sigue expandiendo y seguimos sin planificar el crecimiento, ocupando espacios en forma caótica, espacios que quizás no tendríamos que haber ocupado. La construcción de barrios aguas abajo de la presa retardadora implica que el escenario que se planteó en 1960 lo podemos reproducir en este siglo.

No podemos dejar que, como en aquellos momentos, la obtención de renta urbana sea el criterio con el que se organiza el espacio de la cuenca. Esto no hace más que reforzar las desigualdades. Los indicios no son alentadores, porque parece reproducirse la vieja dinámica de enviar a los pobres a las zonas vulnerables, mientras a unos metros, pero en zona “protegida” se realizan grandes negocios de especulación inmobiliaria. La culpa, como vemos será definitivamente de quienes consientan esta situación.

Como afirma el Dr. Erik Zimmermann (FCEIA UNR), “la urbanización es clave en la nueva respuesta de la cuenca. La presión demográfica es muy fuerte. O sea, la impermeabilización, si no se toman medidas, será peor en los treinta años que siguen”.

No mirar para arriba y culpar a la lluvia; ni para abajo y culpar al arroyo. Escuchar a los profesionales (arquitectos, urbanistas, ingenieros hidráulicos) y a las organizaciones sociales (NUMAIN, GIROS, Taller ecologista) que desde hace años están estudiando estos problemas. Una cuenca es un sistema dinámico, sobre el cual no se pueden trazar soluciones definitivas. Ello exige atención permanente y una ocupación del espacio teniendo en cuenta (entre otras cosas) la historia terrible de las inundaciones en nuestra región.

Publicado en Rosario/12