Historia del Agua en Argentina

Las húmedas orillas urbanas. Su representación en el cine argentino.

Publicado en Cultura del agua, El agua y el arte, Historia del agua en Argentina por Pablo Ernesto Suárez en Noviembre 23, 2009

El presente trabajo fue presentado en el Congreso Ciudades Latinoamericanas. UBA C.C. Paco Urondo. 11 y 12 de noviembre de 2009

Pequeña introducción

Desde hace mucho tiempo, la vida de los hombres del río y de las islas constituyó un fuerte foco de interés para la narrativa argentina.

Si alguien (por alguna razón) pretende una genealogía para darle entidad al tema, podríamos simplemente señalar que los primeros libros que se escribieron sobre lo que luego sería la Argentina, son los relatos de los navegantes de los ríos. Schmidl, Del Barco Centenera, etc. cuentan sus desventuras en tierra, y también su derrotero  al navegar el Plata y el Paraná y cómo a través de ellos fueron internándose en el espacio incógnito sobre el cual el imperio español asentaría su dominio.

A comienzos del siglo XIX, Manuel J. de Lavardén, un intelectual iluminista continuaría, ahora desde una poesía (que tenía mucho de programa económico) el género litoraleño, con su “Oda al Paraná” en una etapa en la que ya se vislumbra a los ríos como canales impulsores del progreso. Si bien esta temática nunca se interrumpió, para abreviar, mencionemos que desde comienzos del siglo XX la obra de Fray Mocho “Un viaje al país de los matreros” nos ofrece una descripción de quienes viven en la isla como habitantes de una zona que evidentemente tiene ciertas particularidades. Poco despuéss, la torturada escritura de Horacio Quiroga y las amables descripciones de Mateo Booz, marcan desde aquellos comienzos de siglo lo específico de una vida no colonizada, de quienes aceptan vivir sumergidos en un espacio que parece dominado casi exclusivamente por la naturaleza. El río, que ha sido el canal por donde el progreso entró a nuestro país y por donde salían las riquezas que nos vinculaban al mundo, nos mostraba también la vida de esos hombres y mujeres que vivían sus vidas en el río, o en las islas, en los bordes.

Se ha notado, que hablamos de bordes urbanos contra el río, pero no nos referimos al puerto… Mucha de la literatura sobre el borde mojado de la ciudad, refiere a la vida portuaria, sobre todo gracias a la influencia de la letrística del tango, que contribuyó a consolidar la imagen de Buenos Aires como ciudad portuaria quizás también a la dimensión del puerto de capitalino (y de los puertos argentinos) en la economía de la región.

La vida del puerto es otra cosa absolutamente distinta a la vida del isleño o del costero. De alguna manera, la portuaria es un área urbana. Diríamos que está más afuera que adentro del río, en el puerto se asienta el cosmopolitismo absoluto, con hombres y mujeres de todas partes del mundo que llegan y se van, del gran comercio de exportación, de muchas monedas y lenguajes: es la frontera de la ciudad contra el mundo. El del puerto es un ambiente definitivamente urbano vinculado al relato de la Argentina que se abre al mundo como puede verse (un detalle, si queremos) en sus trabajadores portuarios, sindicalizados tempranamente en la Argentina del centenario.

Pero hay otra orilla de la ciudad contra el río, que es sobre la que nos interesa reflexionar es la vida en la isla y en la costa ribereña urbana. Esa vida naufragada en contacto permanente con la civilización de tierra firme, a la cual nunca termina de integrarse, pero que se estructuró en función de los vínculos permanentes con la ciudad cercana. Los escritores argentinos han encontrado allí una fuente importante de sus obras; mucha de aquella buena literatura será llevada al cine. El cine, esa nueva forma de narrar que encontró el siglo XX, también iba a brindar su visión sobre el río, desde muy temprano, y muchas de estas películas adquirieron relevancia de clásicos. Así, Mario Sofficci se inspirará en Horacio Quiroga para su “Prisioneros de la tierra”; por supuesto “Las aguas bajan turbias” de Hugo del Carril sobre el libro de Alfredo Varela, y Fernando Birri llevará al cine “Los inundados” sobre el cuento homónimo de Mateo Booz. “Los isleros” será también un clásico, pero fue mucho más célebre que la novela homónima de Ernesto Castro, quien escribió el guión.

En 1950 aparece un libro que expresa una experiencia de vida diferente de todo lo anterior. En ese año, Liborio Justo  (el histórico trotskista argentino, hijo de Agustín P.) publica su importante “Río Abajo” llevada al cine por Enrique Dawi en 1960. Poco después de este año, Haroldo Conti, autor de la novela Sudeste, se traslada a vivir a las islas del delta del Paraná, en la zona del Tigre donde escribirá la novela de marras.

Una diferencia importante entre estos dos libros y otros libros de apariencia similar, es que el escritor se reconoce como habitante de la isla y no como un mero visitante. Hay una experiencia de vida que las sustenta. Ambos autores comenzaron por posicionarse (y no en sentido figurado) en las islas mismas donde transcurrirán las historias de vida sobre las que van a escribir. El registro de Justo es más bien documental, por cuanto menciona permanentemente nombres propios con apellidos, linajes, e historias que se presentan como reales. Conti  por el contrario, si bien desde un relato de ficción, ofrece un una miríada detalles (de las embarcaciones, las marcas de los motores, la geografía, etc)… que será interpretado como una pretensión de verosimilitud, que no confundiremos con lo documental.

El posicionamiento del escritor aparece como novedoso: el río es visto desde una canoa y no desde un transatlántico, ni mucho menos desde un buque cerealero. Y es importante esta diferencia, porque nos estamos refiriendo a dos escenarios que tradicionalmente han sido pensados como espacios “anómalos”. El agua y las islas. Un lugar que estando quieto transmite la sensación de estar en permanente movimiento por el paso del río. Muchos autores hicieron (antes y después de Justo y Conti) su propio “viaje” (real o imaginario) a esa “frontera interior” que es la zona de los ríos, incluyendo obviamente, sus costas y la zona de islas.

De comienzo de la década del ‘60 es también la película Sabaleros de Armando Bo, que contó con la colaboración en el guión de Arturo Roa Bastos.

Para quien se atreva a sortear sus bajantes y desbordes, los ríos de la memoria serán siempre un camino que habrá que recorrer para conocer nuestra vida como país y también –es nuestro intento de hoy- los legados literario y fílmico argentinos.

La vida en las costas

Como es de esperar, la vida de los hombres de la costa depende directamente del río. En el caso de Sabaleros, justamente se trata de una comunidad que vive de la pesca aunque  realizada en una forma tan particular, que nos recuerda que además de la frontera entre la ciudad y el río, estamos en una zona de frontera entre la ciudad y el campo “pampeano”…

Si bien en otras películas argentinas puede verse arrear las vacas entre las aguas crecidas, en esta película puede verse como se realiza la pesca ¡con caballos! Los espineles y las redes son sujetados por dos peones que se meten a caballo en el río para luego bajar las redes y volver caminando hacia la costa. Son como “gauchos de agua”. Inclusive para trasladar los pescados, utilizan horquillas con las que los ensartan para revolearlos al montón, del mismo modo que se hace con la paja para hacer las parvas. Son las prácticas del campo, pero adaptadas al elemento acuático.

La periferia urbana siempre fue pensada como una zona donde la ciudad se expande, es una zona que es provisoriamente periferia, porque el crecimiento de la ciudad la engullirá, convirtiéndola primero en suburbio y luego en un barrio integrado directamente (aquí tenemos la aparición de otro elemento de gran significado metafórico como es el de los puentes). El puente habilita el llegar a la otra orilla, y es el paso previo a la integración de la ribera a la ciudad (obviamente que es más evidente para los ríos chicos o arroyos como el Saladillo o Ludueña en Rosario y el Riachuelo en Buenos Aires) La vida bajo los puentes también será un tópico recurrente de la literatura y cine sobre la vida de los pobres, aunque aquí no abordaremos esa escena.

Por otro lado, la frontera acuática se diferencia de la frontera terrestre, en que no puede “moverse”. El proceso de expansión sobre el río es muy distinto a la expansión sobre la frontera de tierra, como es obvio. Puede urbanizarse hasta el borde, pero más allá, en las islas, la vida cotidiana perdurará con sus características duales: la vida en la isla no podría definirse como una vida en tierra firme, mucho de esa vida depende del agua (transporte, inundaciones, pesca, cultivos, etc).

En algunas ciudades argentinas, las modificaciones actuales en la costa ha sido construir edificios altos para que los sectores más pudientes puedan disfrutar casi en exclusividad la vista y el aire puro de los ríos que la circundan.

En Los Isleros, la vida en tierra firme está caracterizada por los bailes, las peleas, el comercio, pero también por el hospital donde La Carancha (el personaje de Merello) acude para que nazca su hijo… es, de alguna manera y mal que le pese a su personaje el lugar donde deben hacerse ciertas cosas, implica entonces ciertas positividades). Tan es así, que finalmente, la Carancha termina aceptando que su hijo (con la familia que él ha formado) se traslade a vivir a tierra firme.

La costa ribereña es un territorio de doble orilla, en este caso las orillas de la ciudad (metáforica) y las orillas del río (real). Y si en la orilla terrestre de la ciudad, existe el “orillero” concebido como un arquetipo que une las características del hombre de “adentro” y el de “afuera” más curiosa es la dualidad del habitante de la orilla acuática, porque su vida en el “afuera” de la ciudad es por lo general en el agua, o en la isla, por lo que su cotidianidad es radicalmente distinta del orillero de tierra adentro. La canoa, la pesca, la llegada de la lancha-proveeduría o el “cruce” del río, constituyen eventos-acontecimientos clave, que ignora el de tierra firme. Esto no quita que de alguna manera podamos hablar de caracteres similares entre uno y otro, siempre que no menospreciemos estas diferencias antes esbozadas. Así como Yupanqui decía “de poco vale un paisano sin caballo y en Montiel” en este contexto, la lancha es de vital importancia. Es iluminador que en Sudeste, el Boga, cuando se independiza de los viejos, su primer preocupación es la de buscar es una lancha.

La ley de la tierra / justicia terrestre

Como zona de frontera que es, esta también es una zona sin ley. En estos relatos la autoridad estatal, aparece muy menguada… las cosas se resuelven allí mismo y de la manera más sencilla: de facto. Herencias, casamientos, ocupaciones de bienes ajenos, ajustes de cuenta, sepelios, etc. La justicia, de “tierra firme” no logra hacer pie en el escabroso territorio de las islas y la orilla del río.

La frontera acuática de la ciudad presenta la particularidad de todas las “fronteras” en cuanto a que al parecer, la autoridad tiene dificultades para hacerse presente. Las islas, el delta, la costa, etc. serán una zona donde hacerse invisible para la justicia y la policía (como puede verse en Sabaleros, Río abajo, Los isleros y Sudeste, entre otras). Funciona  también como lugar de refugio o donde disimular actividades ilegales.

Esto presenta una singularidad que muchos de estos relatos comparten. En primer lugar se construye una imagen del hombre del río como alguien acostumbrado a la vida dura, de trabajo, etc. pero con una cierta “inocencia”. En todos estos relatos, la irrupción de los habitantes de la ciudad, con una ética distinta, va a venir a romper el ritmo de vida “anfibio” generando rechazos (en Los isleros, la nuera de la Carancha), adhesiones (en Sudeste el Pampa) y en Sabaleros los dos fugados que van a pedir ayuda para una fuga, justamente, con la certeza de que esa convivencia en el borde del río implica también una salida franca hacia donde uno disponga sin correr riesgo alguno.

Conclusiones

Nuestra idea fue llamar la atención acerca de una serie de relatos (escritos y fílmicos) que tuvieron como temática fundamental la vida de los hombres en la zona ribereña de las ciudades. En general ha habido mucha literatura y análisis sobre la expansión de la ciudad hacia la frontera seca y consideramos que es hora de fijar la visión sobre esta frontera acuática, sobre la que hay mucho material “de base” pero poco trabajo de análisis sobre la relación de las grandes ciudades argentinas con su frontera acuática. La identificación de lo urbano con lo construido, con lo “seco” y la operación que restringió la frontera “mojada” a la zona portuaria, implicó la anulación y la subvaloración de toda una literatura que sin dejar de ser una reflexión sobre la ciudad argentina, ponga su mirada en el río y lo integre asumiendo que existió (y existe) un suburbio urbano que se desarrolló dividiendo su tiempo entre la vida en la ciudad y la vida en las islas, la lancha y el río.

Filmografía mencionada

Prisioneros de la tierra Mario Soffici (1939)

Los isleros de Lucas Demare (1951)

Las aguas bajan turbias de Hugo Del Carril (1952)

Sabaleros de Armando Bo (1959)

Río abajo de Enrique Dawi (1960)

Los inundados de Fernando Birri (1962)

Sudeste de Sergio Bellotti (2002)

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Previniendo inundaciones. Defensoría del pueblo se preocupa

Es obvio que no hay relación, pero nos alegra que un par de días después de la publicación en Rosario/12 de nuestra nota (el post anterior) la Defensora del Pueblo Adjunta para la Zona Sur de la provincia de Santa Fe, Sra. Liliana Meotto lanzó este comunicado de prensa.

les dejo el link del comunicado y esperamos que sirva para algo (y que entiendan la dimensión macro del problema, no solamente dragados y desagües…

http://www.defensorsantafe.gov.ar/articulos/comunicados-de-prensa/meotto-pidio-ciancio-informar-sobre-las-tareas-de-prevencion-de-inun

Inundaciones de ayer ¿y de hoy?

Publicado en Arroyo Ludueña, inundaciones por Pablo Ernesto Suárez en Noviembre 4, 2009

Cuesta explicarles a los más jóvenes nuestra pena ante el fenómeno de las inundaciones, que ocurren en lugares lejanos. Cuesta convencerlos de que ese hilo de agua oscura que es el arroyo Ludueña, en algunos momentos durante la década del 60, 70 y 80 fue un increíble y violento caudal que durante varios días circulaba por las calles de Empalme Graneros, Barrio Belgrano y Arroyito arrastrando todo lo que encontraba a su paso: autos, muebles, vacas, caballos y vidas.

Pero es así, ese era el miedo que todos los abriles y noviembres torturaba a los habitantes de la zona noroeste de Rosario. ¿Está lloviendo en Pérez? ¿y en Zavalla?, porque esa era el agua que después bajaba a Rosario, y rebasaba en esos barrios rosarinos.

Entonces, la culpa de las inundaciones la tienen primero, la lluvia y luego, el arroyo. Veamos…

No culpes a la lluvia

Pero ¿Cuál es la dinámica de este asunto?

Bueno, pues resulta que en esa época, cuando llovía en los campos que ahora son Pérez, Funes, Empalme, Arroyito (imaginemos esos campos sin esos barrios construidos) el agua caía a la tierra que la absorbía, obviamente. Ahora, si llovía mucho, la tierra no absorbía, entonces, la pendiente natural llevaba el agua de los campos al canal del arroyo que veía crecer su volumen hasta llenar la barranca (todos podemos ver la pequeña barranquita del Ludueña en cualquier lugar que lo contemplemos hoy) y si era demasiada agua, pues se inundaban los campos aledaños y ya.

Pero bueno, llegó el siglo XX y Rosario creció. Uno de los vectores de la expansión de Rosario era el camino hacia Alberdi. Allí justamente se construyó el “puente Arroyito” (todavía los viejos llaman así a la esquina de Juan B. Justo y Alberdi). Los otros vectores serían las vías del Belgrano, (que aún están) y del Mitre cuyo recorrido puede verse ahora en la avenida De la Travesía. Pero había allí un terraplén, muy alto, justamente, para que las crecidas del arroyo no complicaran el tráfico de los trenes.

Y así se fueron construyendo los barrios pobres y baratos, para los pobres de aquel Rosario, al borde mismo del arroyo. Donde apenas terminaba la barranca, allí se construía la casa del pobre o directamente sobre los bañados mismos como puede verse en los planos de urbanización de 1920, donde el trazado de la grilla urbana se superpone con los pantanos mismos del Ludueña.

Como siempre pasa, cuando hay que poblar una zona ecológicamente inestable, los primeros en ir son los pobres y el negocio inmobiliario es para los ricos. Y allí fueron nuestros bisabuelos a vivir en el 1900 a asentarse arriba del arroyo y a sufrir las inundaciones que año a año asolaban la zona desde aquellos viejos años hasta 1986. Como vemos, la culpa empieza a dejar de ser de la naturaleza.

Porque a medida que se iban poblando los márgenes del arroyo y la zona (“cuenca” es el término científico), el agua de las lluvias llegaba mucho más rápido al arroyo, porque el suelo construido absorbe menos agua que la tierra virgen. El arroyo crecía así más rápido y se ahogaba antes repartiendo su caudal en una zona más amplia y para lamentarnos aún más, el terraplén del ferrocarril, (ese que ahora se llama Travesía) interrumpía al arroyo casi al final, es decir ¡con mucha más agua!

En la década del 40 fue necesaria una primera obra de entubamiento, que funcionó muy bien, durante veinte años. En 1960, comenzó un ciclo de inundaciones muy importantes que culminaría en 1971. Tendría que llegar 1986 para que los gobiernos provinciales asumieran la necesidad de la construcción de la presa retardadora, que si bien ha pasado momentos difíciles, ha logrado evitar las inundaciones, por lo menos de las zonas de barrios Belgrano, Empalme y Arroyito. Mención especial aquí para el NUMAIN, y el movimiento vecinalista de Empalme Graneros que con una larga tradición logró hacer escuchar la voz de los inundados en cada momento crítico.

Algo entre nosotros no va bien

Las últimas inundaciones importantes que se recuerdan en Rosario, se dieron en 2003/2007 en la zona de Nuevo Alberdi y Cristalería. No se debieron directamente al Ludueña, pero tienen que ver con su cuenca, porque los canales Salvat e Ibarlucea tributan a este arroyo.

La mancha urbana de Rosario se sigue expandiendo y seguimos sin planificar el crecimiento, ocupando espacios en forma caótica, espacios que quizás no tendríamos que haber ocupado. La construcción de barrios aguas abajo de la presa retardadora implica que el escenario que se planteó en 1960 lo podemos reproducir en este siglo.

No podemos dejar que, como en aquellos momentos, la obtención de renta urbana sea el criterio con el que se organiza el espacio de la cuenca. Esto no hace más que reforzar las desigualdades. Los indicios no son alentadores, porque parece reproducirse la vieja dinámica de enviar a los pobres a las zonas vulnerables, mientras a unos metros, pero en zona “protegida” se realizan grandes negocios de especulación inmobiliaria. La culpa, como vemos será definitivamente de quienes consientan esta situación.

Como afirma el Dr. Erik Zimmermann (FCEIA UNR), “la urbanización es clave en la nueva respuesta de la cuenca. La presión demográfica es muy fuerte. O sea, la impermeabilización, si no se toman medidas, será peor en los treinta años que siguen”.

No mirar para arriba y culpar a la lluvia; ni para abajo y culpar al arroyo. Escuchar a los profesionales (arquitectos, urbanistas, ingenieros hidráulicos) y a las organizaciones sociales (NUMAIN, GIROS, Taller ecologista) que desde hace años están estudiando estos problemas. Una cuenca es un sistema dinámico, sobre el cual no se pueden trazar soluciones definitivas. Ello exige atención permanente y una ocupación del espacio teniendo en cuenta (entre otras cosas) la historia terrible de las inundaciones en nuestra región.

Publicado en Rosario/12

Arroyito, 1887

Publicado en Arroyo Ludueña, Documentos Siglo XIX, Uncategorized por Pablo Ernesto Suárez en Octubre 27, 2009

Estamos trabajando en el censo de 1887 para el distrito censal llamado “Arroyito”.

Próximamente, veremos la forma de subirlo a internet de modo que mantenga el formato de tabla, para que pueda ser leído.
Aquí les subo los datos “crudos” de los habitantes del distrito, para vean de qué se trata. El Distrito Ludueña era mucho más numeroso, y además disponemos datos persona a persona, ni edades, ni sexos.

Dando Click en el Link, podés descargarte la planilla completa.

Distrito Censal Arroyito. Rosario 1887

Arroyo Ludueña (desembocadura) 1895

Publicado en Cultura del agua, Documentos Siglo XIX, Historia del Agua, Historia del agua en Argentina, Mapas, Mapas antiguos por Pablo Ernesto Suárez en Julio 26, 2009
La desembocadura, aquí en un plano de 1895
La desembocadura, aquí en un plano de 1895

Aquí pueden verse los bañados sobre los cuales se asentaría el barrio Empalme Graneros… inundados durante todo el siglo XX.

Arroyo Ludueña (desembocadura) 1930 (aprox.)

Este es un hermoso plano coloreado de la mis ma zona de los post anteriores…
Arroyo Ludueña (desembocadura) principios de siglo XX

Arroyo Ludueña (desembocadura) principios de siglo XX

Arroyo Ludueña (desembocadura) Año 1920

Publicado en Historia del Agua, Historia del agua en Argentina, Mapas, Mapas antiguos, Problemas Actuales, Uncategorized por Pablo Ernesto Suárez en Julio 26, 2009
Desembocadura del Ludueña en la década de 1920

Desembocadura del Ludueña en la década de 1920

Arroyo Ludueña (desembocadura) Año 2009

Publicado en Historia del Agua, Historia del agua en Argentina, Mapas, Mapas antiguos, Uncategorized por Pablo Ernesto Suárez en Julio 26, 2009

Imagen de la zona de desembocadura del Arroyo Ludueña

haga click para ver más grande

Oracion del Remanso Valerio – Jorge Fandermole

Publicado en Cultura del agua, El agua y el arte por Pablo Ernesto Suárez en Julio 5, 2009

Soy de la orilla brava,
del agua turbia y la correntada
que baja hermosa por su barrosa profundidad,
soy un paisano serio,
soy gente del Remanso Valerio,
que es donde el cielo
remonta vuelo en el Paraná.

 

Tengo el color del río
y su misma voz en mi canto sigo
del agua mansa y su suave danza en el corazón,
pero a veces oscura,
va turbulenta en la ciega hondura
y se hace brillo en este cuchillo de pescador.

 

Cristo de las redes
no nos abandones,
y en los espineles
déjanos tus dones.
No pienses que nos perdiste,
que la pobreza
nos pone tristes,
la sangre tensa y uno no piensa
más que en morir,
agua del río viejo
llévate pronto este llanto lejos
que esta aclarando
y vamos pescando para vivir.
 

Llevo mi sombra alerta
sobre la escama del agua abierta
y en el reposo vertiginoso del espinel,
sueño que alzo la proa
y sube la luna en la canoa
y allí descansa
hecha un remanso
mi propia piel.
 

Calma de mis dolores,
ay Cristo de los pescadores!
Dile a mi amada
que esta apenada esperándome,
que ando pensando en ella
mientras voy vadeando las estrellas,
que el río esta bravo
y estoy cansado para volver.
 

Cristo de las redes,
no nos abandones
y en los espineles
déjanos tus dones.
No pienses que nos perdiste,
que la pobreza
nos pone tristes,
la sangre tensa y uno no piensa
mas que en morir,
agua del río viejo
llévate pronto este llanto lejos
que esta aclarando
y vamos pescando para vivir…

 

Agua del río viejo
llévate pronto este llanto lejos
que esta aclarando
y vamos pescando para vivir…

CARTOGRAFÍA HÍDRICA SUPERFICIAL DIGITAL

Publicado en Historia del Agua, Mapas por Pablo Ernesto Suárez en Julio 5, 2009
AMiguel A. Giraut
Carla F. Lupano
Álvaro Soldano
Carmen A. Rey

Acá tenemos un texto producido  por profesionales de entes estatales que nos ofrece un panorama general de la situación hídrica de la provincia. Lamentablemente, no hemos podido dar con una versión del mapa en alta definición pero en el artículo aparecen links de los autores, donde podrán conseguirse.

Link de descarga del PDF:

Hidrografia de Santa Fe